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28 agosto 2011

Peperoni ripieni - ¡Recetas literarias!

Honorine era insuperabile nel cucinare i peperoni ripieni. Alla rumena, diceva. Riempiva i peperoni con riso, salsiccia, carne di manzo, sale e pepe. Li metteva in un recipiente di terra cotta e li ricopriva d'acqua. Aggiungeva salsa di pomodoro, timo, alloro e santoreggia. Lasciava cuocere a fuoco molto lento e senza coperchio. Il sapore era meraviglioso, soprattutto se alla fine ci si aggiungeva un cucchiaio di panna.
Fabio Montale, personaje protagonista de Casino Totale (Jean-Claude Izzo, 1995) era, además de un policía muy particular, un gran gourmet. Así nos describe la receta de los pimientos rellenos que preparaba Honorine. Si os animais a preparar una receta literaria, he aquí el texto en castellano:


Honorine era insuperable cocinando los pimientos rellenos. A la rumana, decía. Rellenaba los pimientos con arroz, salchicha fresca, carne de buey, sal y pimienta. Los metía en un recipiente de barro y los recubría con agua. Añadía salsa de tomate, tomillo, laurel y ajedrea. Los dejaba cocer a fuego muy lento y sin tapar. El sabor era maravilloso, sobre todo si al terminar se añadía una cuchara de nata.
¡Bon apetit!

PD. La foto ha sido robada aquí.

24 agosto 2011

Hoy, ¡PA-VO! (con nueces)

La foto es pésima, pero os aseguro que estaba rico ;-)

El pavo: un animal de lo más tonto, pero qué bien casa con lo que le eches. He aquí esta receta que he sacado de internet (ya no recuerdo ni de qué página, salvo que estaba en portugués):

Ingredientes
500 g de filetes de pavo
Harina
3 cebollitas pequeñas
200 ml de nata líquida
Pimienta blanca en grano para moler
Sal
Romero
Un puñado de nueces peladas
5 cucharas de mantequilla
Vino blanco seco
Sal

Preparación

Ponemos en una sartén la mantequilla, la cebolla en rodajitas muy finas, el romero y las nueces, habiendo picado estas últimas previamente. Dejamos que la cebolla se ablande un poquito. ¡Ojo a la temperatura! Recordad que freir en mantequilla no es como freir en aceite de oliva...

Pasamos los filetes de pavo por harina y los colocamos en la sartén, dejando que todo se cocine durante cuatro o cinco minutos. Añadimos sal, pimienta y un chorrito de vino blanco, que dejaremos evaporar.

Retiramos los filetes y añadimos la nata. Añadimos la sal pertinente, reducimos un poquito la nata, y volvemos a colocar los filetes en la sartén. Bajamos el fuego, tapamos y esperamos unos minutitos.

¡Bon apetit!



20 junio 2011

Alitas de pollo luso-japonesas y Kimpira de judías


Sí, lo sé. Parece pollo con judías. ¡Pero es más exótico que eso!

KIMPIRA DE JUDÍAS

Ingredientes
250 g de judías verdes
Un chorrito de aceite de oliva
2 cucharas de ginebra Tanqueray
2 cucharas de salsa de soja
1 cuchara de azúcar moreno
1 guindilla cayena
(Exacto: no llevan sal)
Preparación

Tu madre te pasa una bolsa de judías verdes que a su vez una señora le acaba de regalar recién cogidas en su huerta. Así de fresquitas las abrimos, quitamos los hilillos laterales, les sacamos las habichuelas, y las troceamos.

La guindilla también la abrimos, le quitamos las pepitas, y la picamos infinitamente. En una sartén colocamos un chorrito pequeño de aceite con la guindilla, y con el fuego medio le damos una vuelta a las judías durante dos o tres minutos, hasta que se ablandan un poquito. Añadimos la ginebra y la soja y dejamos que la mezcla, siempre a fuego medio, se evapore un poco. Bajamos más el fuego y así, al mínimo, añadimos el azúcar (¡ojo! que no se puede quemar, estropearíamos el plato). Rehogamos bien todo durante un par de minutos, tapamos la sartén y las dejamos a un lado hasta que las vayamos a llevar al plato con el pollo. Lo ideal es que hayan quedado ligeramente "al dente".


ALITAS DE POLLO LUSO-JAPONESAS

Ingredientes
8 alitas de pollo completas, con parte "alita" y parte "jamoncito", que podemos separar en dos para freirlas mejor
1/2 taza de soja
1/2 taza de ginebra Tanqueray
1/2 taza de Vinho do Porto
Harina
Aceite de oliva suave o girasol (para no restar protagonismo al adobo)
Sal
Preparación

En un bol bien grande ponemos la soja, la ginebra y el oporto y un poco de sal. Sumergimos completamente los trozos de pollo y lo dejamos macerar durante una hora. (En ese tiempo podemos ir preparando las judías).

Pasado ese tiempo, ponemos el aceite a calentar a buena temperatura -para que el pollo quede crujiente- y mientras tanto nos dedicamos a secar cada pedazo de pollo como si nos fuese la vida en ello. A fondo, en profundidad, humedad cero. Ponemos la harina en un plato y enharinamos cada alita, que irá directamente del plato a la sartén, sin dejar tiempo para que la harina se humedezca. Las freimos a fuego fuerte, y al terminar las escurrimos a conciencia.

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¡Que disfruteis de unas sorprendentes judías dulces! Y la piel del pollo frita con el aroma del Porto es deliciosa.

Bon apetit!

02 marzo 2008

Solomillo estilo Lo

Bueno, no se lo inventó Lo, pero ella me explicó la receta, así que se merece el nombre. ¿No os apetece hoy un buen plato de carne? Vamos allá.

Ingredientes
Una pieza entera de solomillo de cerdo
Masa de hojaldre
Un huevo
Aceite de oliva
Sal
Tres lonchas de queso fresco
Tres lonchas de jamón de york
Un par de lonchas de jamón ibérico
Para la guarnición: champiñones, berenjena, un diente de ajo y media cebolla pequeñita

Preparación

La carne. Doramos el solomillo en la sartén a fuego rápido, con unas muy escasas arenitas de sal, dejando que coja color y un poquito de costra por fuera. Extendemos la cantidad de masa de hojaldre del tamaño apropiado para la pieza de solomillo y colocamos a lo largo de la misma, de modo que quede distribuido de manera uniforme, por este orden, el queso, el jamón york, y las lonchas de jamón ibérico, que serán las que estén en contacto con el solomillo. Lo ideal es que el jamón ibérico sea del bueno-bueno, y cuanto más tocino tenga, de ese que casi se deshace en los dedos, mejor. La carne no precisa más sal aunque sea gordita porque el propio jamón, en el horno, le proporcionará la que necesita. Enrollamos cuidadosamente el hojaldre, cerrándolo por los lados, y con un pincel de repostería, usamos el huevo previamente batido para pintar bien todo el hojaldre. El recipiente del horno llevará un poquito de aceite de oliva, simplemente para evitar que el hojaldre se adhiera, nada más. Colocamos el solomillo hojaldrado ahí. Se hará unos veinte o veinticinco minutos a 180 ºC, y tras ese tiempo, le daremos la vuelta, y pasará el mismo tiempo dorándose por la otra cara. El resultado es una carne completamente hecha y muy jugosa por haber sido asada lentamente.

La guarnición. Bien, a gusto de cada uno, por supuesto. La que hemos puesto para este solomillo lleva un diente de ajo y un poquito de cebolla (no mucha, para que no endulce en exceso) doradas previamente, al que luego hemos añadido champiñones y berenjena en dados, aderezado con una puntita de pimienta negra y sal, para hacer un revuelto con el huevo batido sobrante.

¡Bon apetit! Yo todavía estoy relamiéndome los bigotes, ñam ñam...

14 septiembre 2007

Albóndigas con berenjenas

Tenía yo el domingo pasado antojo de comer albóndigas, quién sabe por qué. Así que me planté el delantal e improvisé las primeras albóndigas que he cocinado en mi vida. No, no tiene tanto mérito porque sí he visto a mi madre hacerlas un montón de veces. Pero le he querido añadir berenjena para darles un toque más mediterráneo. Y esto es lo que ha salido.



Este plato se cocina en dos partes: la salsa y las albóndigas.

  • La salsa: tomate frito.
Me encanta cocinar tomate frito. Normalmente hago una olla enorme, y luego lo utilizo en salsas para pasta, o para comer con pescado, o con verduras, o simplemente solo. Por si alguien no sabe, se hace así:

Cubres el fondo de una cacerola con aceite (de oliva, por supuesto) y ahí sofríes, a fuego medio, una cebolla, un diente de ajo y un pimiento verde cortados en trocitos pequeñitos. Cuando la cebolla ya se ve transparente, viertes como un kilo de tomate triturado encima, un puñado de sal y media cucharita de azúcar. Remueves un poco con una cuchara de madera y lo dejas a fuego lento durante mínimo media hora. Como entrará en ebullición y lanzará gotitas de tomate por todas partes, mejor tapa la cacerola, pero no del todo, déjale una rendijita para que salga el vapor de agua que va perdiendo el tomate.

Muy importante: remover de vez en cuando para comprobar que no se está pegando al fondo de la caerola.

Y sobre todo: disfruta del "tap tap" que hace la tapadera al rebotar sobre la cacerola.

  • Las albóndigas.
He puesto en un bol grande unos 600 gramos de carne picada de cerdo y ternera, y encima he ido añadiendo, todo cortado muy pequeño, dos dientes de ajo, un trozo de puerro, media berenjena y perejil. Además, sal, pimienta y dos huevos batidos. Y yo no tenía en casa, pero me pedía a gritos parmesano rallado.

Llega un momento crucial: hay que arremangarse y meter las manos en la masa. Empuja con los puños cerrados, dale vueltas, separa con los dedos y vuelve a unir. Con firmeza pero con cariño. Disfruta del acto de amasar, siente la textura en tus manos. Al tocar la comida con las manos en cierta forma le transfieres tu estado de ánimo, tus deseos. Piensa en cuánto disfrutarán los comensales.

Cuando te parezca que la masa está suficientemente homogénea, empieza a coger porciones con una cucharita y a haz las bolitas de carne. Tendrás preparado un plato con pan rallado, por el cual pasarás cada una de las albóndigas procurando que quede cubierta por todas partes.

Pon en una sartén grande (o mejor, en una cacerola alta) aceite de freír hasta que alcance una altura de unos 4 centímetros. Cuando esté caliente, ve echando ahí las albóndigas. Sácalas cuando estén doraditas, a un plato en el que has puesto una servilleta de papel para que absorba el exceso de aceite.

Muy importante: en este momento las albóndigas están exquisitas, pero no seas egoísta, no te las comas, piensa en los demás. Bueno, puedes comerte una para probar, pero sólo una, ¿eh?

Y sobre todo: cuenta las albóndigas que han salido. Probablemente no te va a servir para nada, pero hay que hacerlo. Las albóndigas se cuentan.

  • El encuentro.
Ahora que ya tienes las albóndigas fritas y la salsa de tomate preparada, es el momento de celebrar su unión. Ve echando las albóndigas en la cacerola del tomate, una a una. Que la salsa quede bien repartida entre todas. Y déjalo cocinar un ratito (con diez minutos bastará) a fuego muy lento, para que las dos partes de esta comida se vayan conociendo. Comprueba que no se te queman las albóndigas en el fondo de la olla.

A la hora de comer, puedes acompañar las albóndigas con patatas fritas, puré de patatas o arroz en blanco, por ejemplo. A mí me apetecían con pasta, así que he cocido unos bavette del número 13 y he puesto la carne y un poco de salsa encima.

¡A la mesa!